“La selva me ha salvado la vida, nunca ha sido algo que me amenaza” confiesa Juliane Kopcke sobreviviente del vuelo 508.

Juliane Köpcke fue la única superviviente del accidente del Vuelo 508 de Lansa, ocurrido el 24 de diciembre de 1971.



La selva me ha salvado la vida, nunca ha sido algo que me amenazara, confiesa Juliane Köpcke, única sobreviviente del vuelo 508 de Lansa, estrellado en 1971 en las entrañas de la Amazonía. De voz suave y mirada confiada, irradia tranquilidad. Aunque es alemana, habla fluidamente el castellano con adhesiones al acento característico de la Amazonía peruana. Actualmente dirige el Área de Conservación Privada Panguana.


Más de cuatro décadas han pasado desde la tragedia aérea, donde a los 17 años cayó desde 2 mil metros de altura amarrada al asiento un avión colapsado para luego despertar como en una pesadilla y ver apagarse la vida de su madre y de otros tripulantes que no lograron anteponerse a la jungla. Siguió los consejos de su padre todo río pequeño conecta a otro más grande, donde hay agua hay población.

Durante diez días soportó picaduras de insectos y la amenaza latente de animales salvajes. Por las noches no durmió, resistiendo lluvias torrenciales. Cuando ya sus fuerzas comenzaron a flaquear, caminando por manglares llegó hasta dar con un refugio de cazadores, estos al verla blanca, la creyeron la diosa del agua, un mito común en la selva que habla sobre un delfín rosado que adopta la forma de una mujer.

La llevaron hasta una aldea cercana donde la alimentaron y curaron su piel infestada de gusanos La selva, un ser respetado por los mismos lugareños, le permitió vivir tal vez porque presagiaba que aquella joven con la clavícula luxada, hija de alemanes, años más tarde se convertiría en defensora y conservacionista implacable de bosques amazónicos, los mismos donde alguna vez deambuló perdida, teniendo como única acompañante a la esperanza.



Juliane, ahora mujer madura, viaja año a año desde Alemania a Lima para luego arribar a Ucayali y de ahí siguiendo una travesía en trocha por la Carretera Marginal de la Selva llega al pueblo de Llullapichis (Huánuco), cruza en bote el Rio Pachitea y después de caminar 5 kilómetros de selva a pleno sol, acompañada de una temperatura de 35° grados centígrados, divisa al área, le espera su más preciado tesoro natural, Panguana.
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